Alejandra Sotomayor es creadora de contenidos digitales, hermana, hija, prima, pero sobre todo, soltera. Por años ha sido usuaria asidua de las aplicaciones de citas y ha tenido toda clase de experiencias, buenas, malas, regulares. La semana pasada fue a cenar con un fotógrafo chileno que conoció en Tinder. Después de un par de copas de vino tinto y una cena poco menos que mediocre, Ale se despidió de él y se fue a casa, sin sospechar lo que le deparaba el destino.
Según Sotomayor, era una noche calurosa, asfixiante y la cena le había caído pesada. Aunado a todos estos factores, ella relata que no hubo química con el fotógrafo así que decidió irse a su casa sola. Inflamada y cansada, ella se tomó un par de Tums, vio tres capítulos de Friends e intentó dormirse temprano.
Como siempre, se acostó del lado derecho de su colchón, pero su malestar estomacal la obligó a retorcerse y buscar alivio en posiciones que de otra manera no habría explorado. De pronto, lo impensable sucedió. Entre retortijones, Ale se extendió de tal manera que alcanzó a ocupar el “otro lado del colchón”, ese espacio inhóspito en donde solo las visitas caben.
El lugar que hasta ayer era solo para ocupantes efímeros hoy se sentía como un hogar que no solo la abrazaba sino también le daba alivio.
Al principio fue muy raro porque nunca me había acercado a ese lado de la cama, es más, el colchón no está usado de ese lado. Pero después de unos minutos, ya sentía como si el lado izquierdo del colchón siempre hubiera sido parte de mí, como si me conociera».
Alejandra Sotomayor,
valiente exploradora.
Ojo, queridas lectoras, no todo es miel sobre hojuelas. Tras una noche de dormir del lado izquierdo, Sotomayor no pudo parar, pasaba media noche de un lado, media noche del otro, se acostaba de forma transversal, en diagonal, arriba de las cobijas, con los pies en la cabecera. Esto estaba fuera de control.
Bien dicen que hay puertas que una no debe abrir, descubrir el otro lado del colchón me cambió la vida».
Alejandra Sotomayor,
cartógrafa aficionada.
Tal fue la sensación de libertad de Alejandra que tomó la difícil decisión de eliminar sus perfiles en Tinder, Bumble, Badoo y Happn (sí, todos) para seguir explorando las posibilidades ergonómicas y emocionales que le ofrecía un colchón entero a su disposición.
Según nos relata una sonriente y muy bien descansada Alejandra, no regresará a las apps de citas hasta que haya explorado hasta el último rincón de su colchón. No se nos olvide, agregó, que todavía falta voltear el colchón y descubrir qué maravillas tiene para mí.
