Todas sabemos que el mundo está cambiando radicalmente. Por eso necesitamos algunas certezas, verdades que nos facilitan navegar nuestra no poco complicada existencia. Valentina Lozano, directora de compras en conocido almacén departamental, también se regía y se sentía a salvo con estas certezas, hasta hoy.
Aunque Valentina nunca ha sido particularmente ordenada con sus finanzas, siempre vivía tranquila porque contaba con un as bajo la manga: “nunca dejo mi bolsa en el piso”, nos aseguró Lozano en entrevista para Señora Editora.
La salud de su patrimonio dependía directamente del lugar donde Valentina deja su bolsa. ¿La culparías? Nosotras tampoco.
Tal vez me excedí con los gastos durante la pandemia, pero estaba encerrada y con conexión a internet, ¿qué más se supone que tenía que hacer? Además siempre fui super cuidadosa de no dejar la bolsa en el piso, no sé qué pudo salir mal”.
Valentina Lozano,
en shock.
Según relata Lozano, adquirió infinidad de paquetes todo incluido que no ha podido usar, ropa y equipo deportivo que no ha querido usar y accesorios diversos para mascotas que no ha podido adoptar, todo esto confiada en que mientras su bolsa no tuviera contacto directo con el suelo, su nómina iba a rendir hasta el fin de mes, como siempre ocurría.
Valentina no estaba lista para la notificación del banco que recibió el día 18 de abril de 2021: “Saldo insuficiente”, al intentar adquirir un juego de edredón con sus sábanas todas preciosas.
No hay palabras para describir lo traicionada que me sentí cuando vi la notificación. Estaba desamparada naufragando en un barco a la deriva. Así me vi a mí misma rodeada de artículos que de ninguna manera llenarían el vacío que sentía en mi alma y sin el edredón que sí necesitaba”.
Valentina Lozano,
capitana de barco a la deriva.
Una inconsolable Lozano nos compartió que tuvo que hablarle a su mamá para que le prestara dinero para comer, porque el vacío que sentía no solo era tristeza, también era hambre. En su refrigerador solo había una crema echada a perder y dos tortillas enmohecidas. Cabe mencionar que hasta ese día, ella había pedido su comida a Uber Eats diariamente y eso, al menos por once días más, le sería imposible.
Valentina no sabe en qué se equivocó, tal vez fue esa vez que se tropezó en un escalón al regresar a su departamento después de recoger un paquete de Amazon. Tal vez fue en casa de Ximena, su amiga, cuando irresponsablemente solo le entregó su bolsa para que la guardara. ¿Fue Ximena la culpable? Nunca lo sabremos (porque le habló para preguntarle y Ximena no se acuerda de dónde guardó la bolsa exactamente).
A pesar de esta espeluznante experiencia, Lozano se muestra optimista con respecto al futuro, nos asegura que todo mejorará, la notamos tan convencida que le preguntamos que cómo podía estar tan segura, a lo que ella nos contestó:
Sé que todo estará bien porque de una cosa sí estoy segura: nunca, nunca, pero nunca jamás en la vida he permitido que nadie me barra los pies”.
Valentina Lozano,
no aprende.
¿Y tú, querida señorona? ¿A qué costumbre milenaria le estás apostando tu futuro? Queremos saberlo, cuéntanos en los comentarios y compártele esta nota a quien más confianza le tengas.
