Se dio cuenta de que ‘ahí no era’ cuando ya tenía que ir al salón de belleza hasta 3 veces al día.
La experiencia casi religiosa que ofrece la asistente del salón de belleza que frecuenta esta mujer hizo que pensara que eso era suficiente para mantener su bienestar psicológico por más de una década ¿qué fue lo que la hizo despertar de esa fantasía?
Nancy Valerio era, hasta hace un par de semanas, una ama de casa ejemplar: vivienda impecable, complaciente con su marido, se reía discretamente y organizaba las mejores cenas de matrimonios. Y ustedes se preguntarán, entonces, ¿tenía tiempo para ella?
Ella pensaba que sí. Ella pensaba que asistir al salón de belleza al menos una vez a la semana era suficiente.
Cuando me lavaban la cabeza yo sentía que se reiniciaba todo en mí. Como un nuevo inicio cada vez que me reclinaban en el lavabo, por eso dejé de ir a terapia y de salir con mis amigas. No las necesitaba”.
Nancy Valerio,
buena esposa.
Mientras pasaba el tiempo, el gusto de Nancy porque una extraña le lavara el pelo se volvió una obsesión. Ya iba casi diario a la estética, lo cual fue una #redflag para todas en el salón de belleza, ya que, como todas sabemos, lavarse el pelo diario es un atentado contra la salud de tu cuero cabelludo. Así que hicieron lo que cualquiera haría: le negaron el servicio. Nancy ya solo podía ir tres veces a la semana.
Devastada y tras varios intentos fallidos de disfrazarse para engañar a las trabajadoras de la estética, hizo lo impensable:
Busqué salones de belleza en los que nadie me conociera. Nunca había manejado tan lejos, pero necesitaba mi lavado diario y hasta más de una vez al día”.
Nancy Valerio,
incansable exploradora de nuevos horizontes.
Según relata Valerio, un día se dio cuenta de que ya estaba en otra ciudad lavándose el pelo. De no ser porque tenía que preparar la cena para 10 personas de regreso en su casa, Nancy no hubiera vuelto, se hubiera cambiado el nombre y se hubiera quedado perdida en una ciudad nueva para ella y recorrería todos los salones de belleza… el sueño (al menos para ella).
El simple hecho de pensar que no llegaría a tiempo para hacer la cena hizo que despertara de ese letargo y abandonara esa obsesión insana.

A tres semanas de tomar esa decisión, Nancy se muestra fuerte y confiada en que en verdad no necesita de actividades ‘extracurriculares’ para sentirse feliz con su vida. Además, asegura, está a punto de recibir su freidora de aire, lo cual la tendrá ocupada, entretenida y lo mejor de todo: dentro de su propio hogar.
