¡Que le hablen a Sistemas! Esta mujer reinició su equipo pero el síndrome de ‘burnout’ no desapareció

A veces la traición del departamento de Sistemas duele más que la falta de prestaciones. Foto de Yan Krukov en Pexels.

Ni la falta de prestaciones duele tanto como la traición del departamento de Sistemas.

Es bien sabido que una de las ventajas principales de trabajar de modo presencial es contar con el apoyo técnico del Heroico Departamento de Sistemas. Para todas aquellas señoronas que no se han encontrado en la situación de laborar en un contexto de oficina, el mencionado departamento es el encargado de resolver todo lo que tenga que ver con las computadoras, sus configuraciones y sus caprichosas actitudes.

Es por eso que Milena Mendoza Ruiz, tras año y medio de Home Office, ya añoraba regresar a la oficina, quería tener esa asesoría y respaldo técnico constante. Al menos algo en su vida tendría un poco de orden.

Todo iba de acuerdo a lo planeado durante las primeras semanas de regreso a la rara normalidad a la que ya nos tenemos que ir acostumbrando, nos guste o no. Iba de maravilla, según Mendoza Ruiz: Hugo, el de sistemas siempre estaba al pie del cañón e incluso le desbloqueó su máquina para que pudiera usar Candy Crush libremente. 

Averigua cómo esta mujer logró mantener su trabajo sin hacer nada más que verse a sí misma en reuniones de Zoom.

Sin embargo y, aunque jugar Candy Crush le ayudó a Mendoza Ruiz con la transición a la vida Godín, su nivel de estrés iba aumentando a un ritmo inusual. Los clientes y las responsabilidades aumentaban, pero el equipo de trabajo no crecía. Milena trabajaba más de 10 horas al día, tenía que comer en su escritorio porque no le daba tiempo ni de pararse a la cocina, los pendientes se acumularon, los contagios de COVID empezaron y por si esto fuera poco, Hugo, el de sistemas, presentó su renuncia a Recursos Humanos, pero no a Milena, quien se sentía traicionada.

El desempeño de Mendoza Ruiz se vio afectado. Todo indica que se trata del síndrome de ‘burnout’ o trabajador quemado, en el que el empleado manifiesta cansancio constante, ansiedad, despersonalización y cinismo. Sin embargo, Milena asegura que ella aguanta eso y más, pero que lo que la tenía mal era el miedo constante a que su equipo fallara y no estuviera Hugo. Esta situación la llevó al límite el pasado martes:

Noté que no me podía concentrar, sudé frío, no podía pensar bien, ni respirar, como que me trababa, así que me pregunté ‘¿qué haría Hugo en esta situación?’ y lo hice: reinicié mi equipo”.

Milena Mendoza Ruiz,
extraña a Hugo.

Milena, tras reiniciar su equipo, y no encontrar mejoría, se dio cuenta que el origen de su malestar podría estar en otro lado, así que se salió de la oficina, caminó un poco, respiró y logró tranquilizarse. Al regresar a su escritorio, pensó que tenía que hablar con Recursos Humanos sobre cómo se sentía. Afortunadamente no alcanzó a llegar cuando le informaron que Héctor, el sustituto de Hugo entraba el siguiente día: el orden y la paz regresaron a Godínlandia sin que Milena tuviera que cuestionar las precarias condiciones de trabajo. ¡Felicidades, Señorona! 

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