Tuve que unirme a un programa de protección a testigos para cancelar mi suscripción a Duolingo

Caro ahora usa otro nombre, se cambió de país y al parecer usa un pequeño machete. Foto de Engin Akyurt en Pexels.

Todo iba bien hasta que amenazó con quitarse la vida si no tomaba mi lección de Francés.

Queridas señoras, el hablar de relaciones interpersonales sin duda es importante, llevamos tiempo haciéndolo y años de terapia para ir puliendo nuestras habilidades y para saber cómo llevar la fiesta en paz, pero ¿qué pasa cuando tenemos una relación codependiente con una app? ¿Estamos listas? Carolina Ballesteros García nunca lo estuvo*.

*Sigue viva, solo que hablamos de ella en pasado porque ahora tiene una nueva identidad. 

Uno de los propósitos del 2022 de Caro era aprender a hablar francés porque tenía el sueño de ir a París a caminar en el “Pont Des Arts” como si fuera una especie de Carrie Bradshaw para los nuevos tiempos (¿acaso lo habría hecho mejor que “And Just Like That”?) y además lo haría hablando un perfecto francés, no como lo hizo Emily de “Emily en Paris”. Así que se decidió: el primero de enero descargó Duolingo. 

Los primeros días Caro estaba fascinada, nunca había intentado hablar francés y la app le hizo pensar que lo estaba haciendo increíble, que tenía un talento escondido para los idiomas, a diferencia de lo que le dijo su maestra de inglés en la secundaria. Este debió haber sido su primer foco rojo, pero Caro, motivada por esos mensajes positivos y el superávit de endorfinas que le generaba la app, aumentó la cantidad de tiempo que le dedicaba a Duolingo al día.

Un día no me di cuenta y le dediqué ocho horas a Duolingo y solo quince minutos a mi trabajo, ahí supe que tenía que llevármela más despacio”.

Carolina Ballesteros García,
tenía sueños y una vida.

La emoción de Ballesteros por la app empezó a bajar después de una semana de uso, a lo que la app no reaccionó muy bien. Primero, la app le mandaba notificaciones diciendo cosas como “Pusiste a Duo triste”, lo cual no se le hacía tan grave, hasta le daba risa, pero después se salió de control.

El primer mensaje ‘preocupante’ que me llegó fue el de ‘¿crees que puedes vivir sin mí, est.pida?’ y pensé que había sido un error, pero la pesadilla apenas iniciaba”. 

Carolina Ballesteros García,
su único crimen fue su deseo de aprendizaje.

Violencia psicológica bilingüe

Apenas unos minutos después de la primera notificación alarmante, Ballesteros recibió otra para disculparse “Perdóname, a veces pierdo la cabeza cuando la gente pierde la oportunidad de aprender”

Este juego enfermizo continuó por días y Caro se espantó todavía más cuando las notificaciones se pusieron específicas: “Así que ¿no tienes tiempo para el francés pero sí para irte por chelas a la Roma?”. Así que ella decidió tomar cartas en el asunto: tenía que cancelar la suscripción. 

Una clara evidencia de la violencia psicológica que utiliza la app sin ningún remordimiento es su cuenta de TikTok. El segundo nombre de ese búho es «pasivo agresivo».

Hacerlo no iba a ser fácil, Caro recibió notificaciones amenazantes desde “Sin ti mi vida no vale nada” y “Ya estarás contenta, regresé a los antidepresivos” hasta un ramo de rosas marchitas con una nota escrita con lo que parecía ser sangre en la cual decía: “Adiós”

Esto fue lo que llevó a Ballesteros a buscar ayuda para unirse a un programa de protección de testigos. Por su seguridad, no podemos revelar su paradero, lo que sí les aseguramos es que ya no tiene contacto con Duolingo y ya ni le interesa conocer París. 

¿Con qué app tienes una relación tóxica, señorona?