Ahora su agente le dice que está muy ocupada para ella.
Cuando María Inés Guajardo comentó “Diosa inalcanzable” en la foto que publicó en Instagram su mejor amiga Dinorah solo quería hacerla sentir bien ya que estaba atravesando por un rompimiento doloroso.
Desgraciadamente, en uno de esos giros inesperados del destino, María Inés estaba a punto de desencadenar un fenómeno que sabía que existía en las bienes raíces pero que nunca imaginó que también existía en el mundo de las amistades femeninas: gentrificó a su amiga.
Es tu responsabilidad sacar a tu amiga del hoyo, por eso pensé que alimentar un poquito su ego podría ayudar. No dimensioné el alcance de esta acción”.
María Inés Guajardo,
bienintencionada.
El de “Diosa inalcanzable” fue solo el primero de una serie de comentarios que llevó a Dinorah a la popularidad y viralidad inaudita. Aquí algunos de ellos (para que tengan cuidado al usarlos):
- Reina todopoderosa
- Potra todo terreno
- Afrodita intachable
- Ser iluminado
- Luz que ilumina el mundo
- 🔥🔥🔥🔥
- Chulada
- Alma generosa
- Pedazo de talento
- Torre de marfil
Y así, los halagos continuaron por un par de semanas. Cabe destacar que, según Guajardo, su amiga reaccionaba siempre positivamente a estos cumplidos virtuales. Pero un día simplemente no lo hizo.
Perdón, se perdió tu comment
Todo estaba bien con la amiga de Guajardo. Tal vez demasiado bien. Sus ‘likes’ y su ‘engagement’ con nuevos seguidores andaban por los cielos. Esto hacía sentir bien a Guajardo porque ella fue parte importante de esta fama, pero por otro lado, la hizo sentir algo relegada. Aún así, María Inés, como la gran amiga que es, pensó en dejar que Dinorah disfrutara su popularidad.
Las semanas pasaron y María Inés no sabía nada de su amiga más que las notificaciones que le llegaban por Instagram.
Al parecer su amiga la “calladita”, la “reservada” y que estaba devastada por un ‘breakup’, era ahora influencer para una marca internacional de whisky y ya andaba saliendo con uno que estuvo en alguna temporada de Big Brother.
Guajardo, al darse cuenta de que ya no sabía quién era su amiga, decidió marcarle por teléfono, pero era demasiado tarde, su amiga ya tenía un agente y la propia María Inés tendría que esperar de cinco a siete semanas laborales para comunicarse con su gentrificada amiga.
María Inés lleva dos meses esperando a que su amiga le conteste el teléfono y se prometió a sí misma no volver a levantar el ánimo de nadie a través de las feroces redes sociales.
Y tú, señorona, ¿has gentrificado amigas?
