¿Por qué a ella no le han hecho una religión? He ahí el misterio doloroso.
Eran las 2:47 de la tarde cuando Liliana Dorantes Amezcua entró al café en el que se acordó llevar a cabo esta entrevista. Con 47 minutos de retraso, cualquiera pensaría que ella se disculparía o al menos fingiría un poco de pena. Con lo único con lo que llegó fue con un Frapuccino venti. Sí, fue a un café con su propio café.
Yo no quería que su tardanza de alguna manera afectara cómo iría la entrevista, así que al ver que ella no se disculpaba, yo tampoco le dije nada. A fin de cuentas estaba ante una persona que realiza milagros constantemente y nadie quiere contrariar a lo más cerca que ha tenido de la divinidad. Así que en cuanto vi que se sentó en la silla frente a mí, quise ir al grano.
¿Cómo supiste que podías resucitar?
Si quieres que te sea completamente franca, creo que esa no es la pregunta adecuada. Creo que aquí lo interesante es saber cuándo me di cuenta de que necesitaba revivir después de enfiestarme. Y eso vino un par de años después de cumplir 30 años.
Si estaba ante alguien que tiene el don de resucitar, debía saber que ella llevaría la entrevista. De alguna manera eso hizo que me relajara y me quitó algo de presión.

¿Pasó un día o fuiste descubriéndolo poco a poco?
Me acuerdo de varios días en los que recibí señales, ¿sabes? Como que ya un día después de enfiestar me dolía todo el cuerpo o de que poco a poco ya necesitaba más cosas para seguir “funcionando”, por ejemplo, suero, carbohidratos y validación de extraños en Twitter. Supongo que siempre sentía cosas así, pero después de los 30 se fue agudizando. Oficialmente, la fiesta de mi cumpleaños 34 fue el parteaguas.
¿También partes aguas como Moisés?
No.
Ah. Okay, ¿qué pasó el día de tu cumpleaños 34?
Me acuerdo que cayó en viernes y como yo no tenía temor de Dios, decidí que ese día empezaría el festejo aunque trabajara medio día del sábado. Estaba yo muy equivocada. La fiesta, en efecto se salió de control, tomé de más y terminamos alrededor de las 4 de la mañana. La sorpresa fue horas después cuando por más que quise no pude pararme de la cama. Me dolía todo el cuerpo, pero más allá de eso, me dolía el alma.
Ay, no. ¿Entonces qué hiciste?
Tuve que decirle a mi hermana que hablara a mi trabajo para avisar que estaba enferma, que me había intoxicado. Y así empezó todo. Hasta el domingo pude tomar algo de suero sin que lo vomitara. Mi cabeza seguía aturdida y no recordaba con detalle lo que había pasado la noche de mi cumpleaños. Seguí en ese estado por OCHO DÍAS no podía ni pensar ni hacer nada. Es más, tuve que adelantar mis vacaciones–
¿Quieren algo de tomar? – ¡NO! Le contestamos las dos al mesero que estaba haciendo su trabajo, sin saber que habíamos alcanzado un punto clave en la entrevista. Me disculpé con el mesero asegurándole que en un momento consumiríamos algo del establecimiento.
De plano, unas vacaciones por tu fiesta de cumpleaños.
Es que no podía ni trabajar, y ¿te acuerdas que te dije que el dolor del alma? Bueno, me atrevo a decir que ese duró incluso más tiempo. Pero con dolor de alma sí estoy acostumbrada a trabajar, una funciona, pues.
Claro.
Claro.
Después de ese episodio, ¿te ha vuelto a pasar?
Tengo muchas ganas de contestarte que no. Pero, desgraciadamente me gusta mucho la fiesta y he tratado de medirme, pero aquí viene lo peor. Cada vez con menos fiesta la resurrección tiene que ser invocada.
Wow. En verdad tienes el don.
Sí. En verdad lo tengo. Y lo más interesante no es que pueda resucitar cada vez que quiera, a mi antojo, entre semana, cualquier mes. Lo más escalofriante es que nadie está haciendo una religión que gire alrededor de mí.
Indignante.
Creo que pocos aprecian lo que implica la resurrección. Hoy a mis 38 años, el reto de mantener un trabajo de alto nivel y contar con el don de la resurrección en simultáneo no es cosa fácil. Pero ¿sabes qué? No lo hago por la fama ni por el reconocimiento. Lo hago por mi devoción entera a la fiesta.
Te entiendo perfectamente.
No quiero vivir en un mundo en el que tenga que ser yo la que dice: ya me voy. Quiero salir hasta que ya no pueda más. Eso es lo que más me gusta hacer en el mundo y mientras tenga el don de poder seguir reviviendo, lo voy a hacer. Incluso aunque tarde más en revivir. Hoy son ocho días, pero no me sorprendería que después se extienda mi poder y reviva en 15 días o en un mes. No importa. Yo vine al mundo a una cosa, a pasarla bien, cueste lo que cueste.
Con las lágrimas en los ojos, y mi corazón lleno de inspiración, le volví a hablar al mesero que ya tenía miedo de acercarse a la mesa (agradecí su actitud de ‘poner la otra mejilla’) y le pedí una botella de Bacardí. Liliana esbozó una sonrisa, miró fijamente al mesero y él lo entendió todo porque después de esa mirada dijo: ¿no se les antoja más un misil?
Ahí fue cuando lo supe, si quieres hacer milagros, hazlo en grande.
Hoy estoy mandando esta entrevista a redacción 5 días después de haber enfiestado con Liliana, justo después de resucitar. Puede ser que esto de la resurrección sea un don contagioso, pero más importante, creo que tengo una nueva familia.
