Ten cuidado con lo que deseas. Pero si lo deseas mucho, aquí está el hechizo. ¡Hazlo tú también!
Cuando Matilde Suárez Rodríguez recibió el correo de Recursos Humanos informándole que a partir de mayo se reinstalaría de forma gradual un formato presencial en la oficina, lo único en lo que pudo pensar fue en las horas de traslado que esto significaría para ella, en decirle adiós a comer rico en casa y lo más doloroso: a las siestas de media tarde. En fin, un atropello a sus libertades.
Su instinto de supervivencia la llevó a entablar un diálogo con Recursos Humanos que además de una infinita cadena de correos, no llegó a ningún lado. Al menos no a uno que apuntara hacia un Home Office definitivo, que era el sueño de Suárez.
Pero ese pequeño obstáculo no iba a detener a Matilde, la entonces encargada de hacer el análisis de datos del departamento de compras de la empresa. Así que, en lugar de terminar unos pendientes que tenía, empezó a reunirse con compañeros de diferentes departamentos para ejercer presión y no volver a presencial.
Aquí lo importante era seguir en Home Office a como diera lugar, así que amenazamos con renunciar si nos hacían regresar”.
Matilde Suárez Rodríguez,
amante del Home Office.
Según Matilde, fue casi nula la presión, ya que nadie podía en verdad dejar su trabajo. Ni ella misma. Necesitaba otro plan.
Magia blanca, tu aliada
Acorralada y desesperada por encontrar una solución, Matilde se acordó de aquella película de brujas con la que se identificó hace unos 25 años, cuando fue a verla al cine: Jóvenes brujas (The Craft) y en lo práctico y empoderador que resultaban sus hechizos. Sin nada que perder, Matilde inició su camino mágico.
Primero reunió un aquelarre de otras 3 brujas. Según lo indicaba la película, ese era el número mágico. Ya con las otras señoras reunidas, empezaron a hacer rituales y alguna que otra pócima, con resultados suficientemente buenos para seguir intentando.
Matilde y compañía siguieron dedicándole mucho tiempo a su práctica, haciendo que el desempeño laboral de Suárez se viera afectado. De hecho, según reveló Matilde en exclusiva para Señora Editora, hubo un problema de inventario grave por un error suyo. Pero eso tampoco la iba a detener. El aquelarre siguió intentando.
La pasamos increíble. Fue una temporada muy bonita de descubrimiento personal e interior, pero te mentiría si te dijera que no descuidé mi trabajo”.
Matilde Suárez Rodríguez,
enferma de poder.
Finalmente este fue el hechizo que hizo toda la diferencia.
Suárez usó los siguientes materiales: un papel con el logotipo de la empresa impreso (Matilde usó una tarjeta de presentación de su jefa como algo simbólico), listón blanco, una vela blanca, una engrapadora y tu gafete de identificación de la empresa. Antes de empezar el ritual asegúrate de escribir un hechizo que incluya todo lo que quieres que haga (o deje de hacer tu empresa). Este fue el que usó Matilde:
Por el poder de recursos humanos y directivos en general, yo te ato a ti (nombre de la empresa) para que no hagas daño, ni a ti misma ni a tus colaboradores que ya pasamos por mucho sufrimiento pandémico y de incertidumbre como para regresar a cubículos y tener que saludar de beso al vato de nómina que no nos cae bien. Que la fuerza infinita de la fibra óptica siga sosteniendo nuestras juntas remotas y las estrellas sigan alineándose para que nadie se dé cuenta cuando me estoy echando una siesta. En el nombre de la paz y el balance de la universa, por siempre home office, por siempre home office, por siempre home office.
Al pronunciarlo, mientras ataba la tarjeta con el listón blanco y casi provocaba un incendio, Matilde se dio cuenta de que lo habían logrado.
Horas más tarde (el ritual se llevó a cabo a la media noche bajo la luz de la luna creciente) les informaron que no tendrían que regresar a la oficina nunca porque la empresa estaba en bancarrota.
Según Matilde, todavía siente que se le pone la piel chinita de pensar en todo el poder que tiene y que ahora está usando, junto con su aquelarre, para conseguir un nuevo empleo. Aunque al parecer ese hechizo les está costando un poco más de trabajo.
Y tú, señorona, ¿hasta dónde llegarías para mantener el home office?
