Cama King Size: ¿en verdad la necesitas o estás compensando algún vacío?

Un fragmento de cama destendida. Un mar de sábanas y almohadones puso a Ana Pau a reflexionar y no hay nada más peligroso que una Ana Pau reflexionando.

¡Alerta! Tender camas tan grandes puede detonar reflexiones para las que tal vez no estés lista.

Cuando Ana Pau Agüero Smith se dispuso a tender su cama alrededor de las 9 de la mañana, como cada día, se regaló unos segundos de reflexión viendo de frente a ese inmenso mar de sábanas, frazadas, cojines, almohadones, cubrecama, edredón y hasta alguno que otro calcetín perdido en ese pozo de ilusiones perdidas llamado cama.

Ella no sabía qué tenía ese día en particular que le había hecho preguntarse: ¿por qué tengo esta camota? ¿Para qué existen estas camotas? 

A veces solo necesitas intentar tender tu cama para cuestionar todo sobre tu existencia. Toma eso, psicoterapia.

Tanta fue su curiosidad, que antes de tender la fastuosa cama, Ana Pau se puso a investigar sobre el origen de este mueble. Para su sorpresa, es una historia fascinante. Su curiosidad impetuosa la llevó a adquirir en ese momento y desde la comodidad de su recámara varios libros de Taschen que se ven maravillosos en el vestíbulo de su casa.

Entre los detalles curiosos que descubrió fue que en la antigüedad la cama no solo se usaba para dormir, sino también para comer y para recibir visitas, lo cual le hizo acordarse de su amiga que no se ha movido de su sillón en meses. Aquí la información.

– ¿Estará deprimida? – pensó Agüero, pero de inmediato descartó ese pensamiento, acordándose que esa amiga acaba de ser mamá. Nadie se puede deprimir cuando literalmente acabas de traer vida al mundo. “Qué tontería”, pensó. 

De vuelta a la investigación, Ana Pau descubrió también que el primer registro histórico de una cama ‘King Size’ data de 1890, pero en ese entonces la cama era mucho más grande, tanto que cabían 15 personas ahí.

-Aquí cabrían más – reflexionó Agüero Smith al voltear y ver la extensión de la que ahora le parecía una monstruosidad frente a la cual era inevitable sentirse más y más y más pequeña. Como en la caricatura del Bosque Mágico. 

Lo más raro es que Ana Pau ya había tenido esa sensación de hacerse pequeña, tan pequeña que desaparecía y por eso fue a varios médicos. Cientos de estudios, detox y retiros después, simplemente la sensación fue desapareciendo o tal vez se fue acostumbrando. Así que dejó de preocuparse. 

Regresando a la cama y por más fascinante que era la historia de este versátil mueble, Ana Pau se preguntó: ¿En verdad necesitamos esta cantidad de espacio del que solo ocupamos tal vez un dieciseisavo entre Raúl y yo? ¿Será que estoy compensando algún tipo de vacío existencial? No. Se dijo a sí misma, convencida… Es más:

– Hola, ¿bueno? Habló para preguntar por las camas de tamaño especial… Sí. ¿podría encargarle una doble King Size?    

Con una sonrisa estampada en su carita toda orgullosa por haber comprado una cama única en su especie, Ana Pau miró la hora: ocho de la noche. Apenas le daba tiempo de volverse a meter a la cama para dormirse una siesta reparadora y poder aguantar la fiesta que ella misma planeó durante meses para celebrar su décimo aniversario de bodas con Raúl.

Afortunadamente, durante todo el día no logró tender la cama, así que se volvió a acurrucar en la cama destendida, actividad en la que confiaba plenamente para proveerla de las endorfinas suficientes para funcionar.