El efecto secundario de la ola de series sobre estafadores que también tú podrías estar padeciendo.
Primero fue “The Tindler Swindler” (El estafador de Tinder), después “Inventing Anna” (Inventando a Anna) y remató con “Bad Vegan” (Bad Vegan: Fama. Fraudes. Fugitivos). Esta fue la santísima trinidad de series sobre estafadores en Netflix que hizo que Cata Martínez de Lara se olvidara de mirar “Betty la fea” compulsivamente para adoptar su nueva obsesión.
Un nuevo mundo de posibilidades se abrió para Cata, quien recibió el premio de “La más amiguera” durante la fiesta de fin de año de su oficina. Fuentes no oficiales informaron a esta redacción que el título oficial era “La que más se obsesiona con programas de Netflix y cuya personalidad depende enteramente de la serie en turno”, pero dicho premio no cabía en la placa.
Este es un extracto de la entrevista que le otorgó a Señora Editora sobre el miedo que hoy la carcome: convertirse en protagonista de la próxima serie del momento en Netflix.
Con la puerta apenas entreabierta, Cata se asomó para lanzar la primera pregunta a la becaria
¿Solo vienes tú?
Sí.
¿No hay cámaras?
No usamos. Usamos videos y fotos de stock.
Como si esa hubiera sido la contraseña para otorgar la entrada, Cata abrió el portón de par en par.
La becaria entró al pequeño departamento mientras Cata levantaba un par de prendas de ropa del piso para aventarlas a uno de los sillones que rodeaban una televisión demasiado grande para las dimensiones del resto del departamento.
Después, Cata se acercó a una de las ventanas, se asomó y miró con detenimiento al exterior. La becaria tenía cita con el dentista, así que, sin mayor preámbulo, decidió empezar la entrevista.
¿A qué le tienes miedo, Catalina?
La primera vez que robé fue cuando tenía 8 años. Fue en una tiendita pequeña a la que iba con mis primos después de comer en casa de mis abuelitos.
¿Qué robaste?
Un chicle de plátano.
No creo que la policía venga ahora a buscarte por un… ¿Motita?
Ese no es el punto. El chiste es que así empezamos los estafadores: una herida profunda en nuestra infancia y una elevadísima imagen de nosotros mismos. Probablemente te sorprenda porque me ves y dices “Qué carismática persona…”.
No. No pensé eso.
¿Qué pensaste?
No sé. Nada. Pero no carismática.
Bueno, es porque estoy tratando de ser neutral para darte confianza…
Hmmm nope. Tampoco me inspiras confianza, la verdad.
O sea, no. Porque no quiero. O sea, no estoy queriendo estafarte. Pero si quisiera, podría.
Ah. Okay. Bueno… ¿qué pasó después del motita de plátano?
Pues hasta hace un par de semanas llevé una vida más o menos normal aún sabiendo que soy propensa a convertirme en una estafadora. Vi todas las series de estafadores de Netflix, de Prime, de Apple TV y hasta Hulu.
¿Dónde viste las de Hulu?
La mirada de Catalina cambió cuando le hice esa pregunta. Ahora me veía como si hubiera logrado caer en su juego. Había orgullo en su mirada.
Las vi de forma ilegal, querida. Una vez que llevas una vida de estafadora la llevas hasta sus máximas consecuencias. Claramente tienes un coeficiente intelectual que te permite existir en este mundo de una forma más fácil.
¿Cuevana?
Sí.
Bueno. Viste las series y…
Y lo confirmé. Tengo todo en común con esas personas, no soy Beatriz Pinzón (de Betty la fea) a punto de conquistar Ecomoda y el corazón de don Armando (como sucede en Betty la fea), no. Soy Simon Leviev, soy Anna Delvey, soy Sarma Melngailis esperando a que caiga la primera víctima, ¿serás tú?
Hmmm, no, no creo. No tengo dinero para ser estafada –
No, o sea, me refiero a que así le pongas en la entrevista para que el público se asuste de pensar que serán los siguientes.
Ah. Ya.
Bueno, entonces hace una semana sucedió lo inevitable. Fui al súper a surtir algunas cosas que me hacían falta. Entré, surtí y ojo: pagué las cosas. Regresé a casa y revisé el ticket con las cosas que traje. Ahí me di cuenta: robé dos chayotes. Ya lo hice y ni cuenta me di. ¿Sabes? Ya estoy en ese nivel de estafadora. No me doy cuenta y lo sigo haciendo.
O igual y se te pasó pagarlos.
No. Este fue uno de esos momentos cuando en la serie los estafadores ya llegan a tal grado de engaño que llegan a creer en sus propias mentiras. Es así como convencemos a la gente de cualquier cosa. Y es el grado más peligroso del engaño. Por eso estoy segura de que Netflix está trabajando en una serie sobre mí. Estoy fuera de control y esas historias venden.
Por dos chayotes.
No estás poniendo atención. No son los chayotes, pueden ser chayotes, ollas presto, autos, lo que sea. Mi instinto estafador se despertó y ese no puede ser detenido, Netflix sabe cómo funciona y me va a buscar hasta que explote mi historia. Y le cuente al mundo sobre cómo engañé a toda una delegación (porque sé que engañar a toda la ciudad es muy ambicioso y para entrar en la política no estoy).
¿Ese es tu plan? ¿Engañar a la delegación Benito Juárez?
Nosotros (los estafadores) no tenemos planes, es un estilo de vida. Una estafadora no se prende y se apaga: se es. Y te voy a pedir que no reveles mi ubicación. Ya tengo suficiente con que los espías de Netflix me estén siguiendo a todos lados.
¿Cuál es un consejo que le darías a alguien que está empezando en esto?
No lo hagan. Va a consumir tu vida.
¿Ya consume la tuya?
Sí.
a.
El dolor de muelas de la becaria se agudizó, así que tuvo que acortar la entrevista y despedirse de Cata. Afortunadamente esto hizo que se librara de que esta autoproclamada estafadora la engatusara y la convenciera de participar en alguna de sus tranzas que, además de los chayotes y el chicle, todavía no sabemos cómo funcionan o si en verdad ha sacado algo de provecho de ahí.
Netflix no ha dado ninguna declaración y sobre todo ninguna disculpa por poner al aire programas que hacen creer a todo el mundo que tiene una historia interesantísima digna de una serie documental.
