Para mi Masa Madre tampoco soy suficiente

Una mano sostiene harina con agua encima de un refractario. Lo que inició como una inocente sorpresa para su madre se convirtió en una pesadilla. Foto de Gaelle Marcel en Unsplash.

Una conmovedora historia de amor (y terror) maternal. 

Josefina Prado Rubio nunca había hecho pan en casa desde cero y, a pesar de que esa fuera una de las tendencias más generalizadas durante los días más difíciles de la pandemia, fue hasta la semana pasada que ella decidió hacer su propia masa madre justo para sorprender a su mamá, una sobresaliente neurocirujana, pionera del uso de nanotecnologías en su área y quien además hace un bolillo en horno de leña inigualable. 

A sus 28 años, con una vida por delante, un gato por alimentar y una carrera trunca en administración de empresas, Josefina decidió que este sería el primer año en el que por fin le regalaría algo a su madre que sí le gustara y como le gusta el pan… ella pensó que sería buena idea.

Nadie podía saber lo que estaba por venir.

Cuando Josefina buscó en internet la receta para hacer la masa madre, pensó que Google le estaba jugando una broma. No podía creer que el pan era solamente harina y agua, pero al ver tantas fuentes que lo corroboraron, puso las manos en la masa.

Durante los primeros días, Josefina siguió las instrucciones al pie de la letra: mezclar harina y agua, más harina, luego un poquito de azúcar y de pronto lo notó: su masa madre estaba creciendo. Josefina creó vida. 

Por más que Josefina intentaba cambiar la forma de su masa madre, esta seguía teniendo una expresión de profunda decepción.

Fue entonces cuando ocurrió lo inimaginable. 

Al ver que las burbujas de la mezcla iban desapareciendo y la masa iba cambiando de forma, Josefina no pudo evitar notar un atisbo de decepción en la forma de la masa.

No sabría cómo describir esa forma y la mirada que proyectaba, porque técnicamente la masa no tiene ojos. Pero sentía que me estaba diciendo que algo estaba haciendo mal”. 

Josefina,
creadora de vida.

Tras ese descubrimiento y arruinando toda sorpresa del diez de mayo, Josefina tuvo que hablarle a su mamá para preguntarle si eso que le estaba ocurriendo a la masa era normal. Sorprendentemente su madre le dijo que sí, que a ella siempre le pasaba. Esto la tranquilizó… pero solo por unas horas más.

En la noche, Josefina tuvo una pesadilla muy realista en la que la masa madre salía del recipiente donde reposaba y reptaba por el piso mal trapeado, sabía que estaba mal trapeado porque la expresión de la masa era ahora de decepción mezclada con algo de asco. Esto hizo despertar a Josefina con taquicardia y sudores. Le tomó varias horas volver a dormir pero lo logró. 

En cuanto despertó, Josefina se apresuró a la cocina para ver el estado de su masa madre  y seguir con el proceso, pero, queridas lectoras, ¡la masa no estaba ahí! Lo único que había era un rastro pegajoso que dibujaba una especie de camino de la cocina a la recámara de Josefina. Ella, con algo de miedo, siguió el camino y encontró su cama perfectamente tendida, como ella nunca lo logra.

Esto me aterró. La masa madre estaba repasando una a una mis inseguridades y me las estaba echando en cara. Temí por mi vida”.

Josefina,
paranoica con justa razón.

¿Cómo era posible que la masa madre hubiera tendido la cama tan rápido de una forma tan perfecta? ¿Cómo sabía qué lado de la colcha era el bueno? ¿Por qué le quedó tan parejita y simétrica?

Las dudas carcomían a Josefina.

Desesperada y asustada, se tiró en el piso en posición fetal solo para darse cuenta que el rastro de la masa madre estaba extendido por toda la parte de abajo de la cama y fue justo ahí donde encontró un post it en el que estaba escrito, con perfecta caligrafía: 

“Me voy a casa de tu hermana, espero que ella sí tenga harina de buena calidad. Nos vemos pronto. Tu Masa Madre”. 

Josefina de inmediato corrió a buscar su celular, le marcó a su hermana y antes de que pudiera advertirle cualquier cosa, su hermana le dijo: “Demasiado tarde, ya llegó…”.

A Josefina no le quedó más que colgar, rezar por su hermana y hablarle a su mamá para decirle que iba a llegar tarde y sin regalo una vez más al festejo de Día de las Madres porque no había dormido bien.