El descubrimiento de esta mujer liberaría de expectativas irreales a millones de mujeres que no son tan listas y simplemente gastan mucho en cremas para la cara.
Tere Velázquez de María tuvo una infancia tranquila y feliz. Nunca se cuestionó si algún rasgo específico en su rostro estaba dentro del canon de belleza hegemónico o no. Ella solamente quería jugar con sus amigos. Pasó el tiempo y en el primer año de secundaria Tere notó que había algo diferente con respecto a todas sus compañeritas: tenía una frente muy amplia.
Con 12 años apenas cumplidos Tere le preguntó a su mamá ¿por qué tenía una frentezota? A lo cual su mamá le contestó “para que pienses mejor” y se río, para después explicarle: “tienes una frente grande porque eres muy inteligente, Teri”. Teri, como le decía su mamá, creció pensando que esto era cierto, y más importante aún, creció haciendo todo lo posible por DEMOSTRAR que era cierto y que esa frentezota tenía un propósito en el mundo tan inmenso como su superficie.
Tere fue una destacada alumna desde su primer día en la primaria Benito Juárez. Toda su vida entregó cada una de sus tareas y actividades para obtener los puntos extra suficientes para coronarse como una persona muy inteligente, digna de esa frentezota.
Tenía que desquitarla (refiriéndose a su frente). Más que un rasgo físico, se volvió una declaración política, un accesorio de mi intelecto”.
Tere Velázquez de María,
presuntamente inteligente.
Según Velázquez de María, no todo fue miel sobre hojuelas. Muy dentro de su ser también seguía pensando que tal vez podría ser una mujer más atractiva si tuviera menos frente, o al menos eso le decían todos los medios y un par de tíos: “mira, deberías esconderte la frente”, “si te peinas diferente, se te va a ver menos frente”. La pequeña Teri escuchaba este tipo de comentarios y suponía que tendría que demostrar de una forma todavía más contundente que era inteligente para que ya nadie le dijera nada por su frente. No podrás creer lo que hizo.
Bueno, tal vez sí lo creas.
Tere Velázquez de María logró hacer un doctorado de Neurociencias en el MIT (el Instituto de Tecnología de Massachusetts, uno de los centros educativos más reconocidos en el mundo) con tan solo 23 años de edad, convirtiéndose en una de las graduadas más jóvenes del programa y lo logró con un contundente descubrimiento: El tamaño de su frente no tenía relación alguna con su intelecto.
Además de reclamarle a su mamá (todavía con toga y birrete puestos), lo primero que hizo Tere fue relajarse porque ya no tenía que demostrar nada y de ninguna manera tenía que justificar su frentezota. Es más, ya estaba tan acostumbrada a hacerla parte de su vida, que la empezó a querer y a destacar cada vez más. Así fue que Tere consiguió varios trabajos como modelo de frente y patrocinios de varias marcas de maquillaje y cuidado para la piel al mismo tiempo que se volvió la imagen más importante del movimiento #FrentePositive
¿Quieres leer más sobre formas de decepcionar no solo a tu madre si no también a tu masa madre? Da clic aquí.
Como Tere, hay miles de señoras ahí afuera que recibieron información no fidedigna sobre algún rasgo físico que podría determinar algún rasgo positivo o negativo sobre su personalidad, ¿eres una de ellas?
¿Qué mentira se te contó a ti, señorona? Cuéntanos.
