Los hijos que le salieron a mi cactus me dan tripofobia, ¿soy una mala abuela?

Mujer sostiene taza de café y ve al horizonte, pensativa. Nora nunca imaginó que sería abuela tan joven y que además de todo, sería castigado por no querer a sus nietos.

Una reflexión sobre maternidad, legado, traumas generacionales y cactáceas. 

Las cosas casi nunca salen como una las imagina, esa es una ley de vida que tenemos que afrontar, especialmente Nora Iturbide Lavalle, una nueva aficionada de las plantas, antigua aficionada al ping pong y persona en situación de Aries.

Nora acaba de mudarse a un departamento ella sola (dejaremos de lado que esta mudanza se debió a que el motivo fue una ruptura amorosa de semi mutuo acuerdo), así que hizo lo que cualquier señora en esta situación haría: surtirse de plantas. 

La terapeuta de Nora le dijo que le haría mucho bien rodearse de seres vivos que requiriesen de sus cuidados (no vamos a mencionar la causa de la ruptura, no insista), así que investigó qué tipo de plantas van bien con su energía y Xochimilco, ahí te voy. 

De más está decir que Nora lo hizo todo para cuidar a sus nuevas compañeras de departamento. Les puso nombre y cuidó obsesivamente que no hubiera ningún indicio de plagas durante las semanas de adaptación. 

Tal como lo dijo la terapeuta, jugarle a la jardinería fue una gran terapia para Nora, pero no sabía lo que estaba por ocurrir.

Pasó lo que tenía que pasar

Las plantas crecieron. Nora no fue testigo activo del crecimiento porque se tuvo que tomar unas vacaciones (porque necesitaba cambiar de aires después del truene), así que cuando llegó se topó con una sorpresa que para cualquier otra persona sería maravillosa, pero para Nora, no tanto. Un cactus ya tenía hijos y lo que esas criaturas provocaron en ella fue repulsión.

No quiero sonar como una malagradecida. Creo que en verdad fue un milagro que sobreviviera mi cactus, pero eso no quita que los retoños eran horrendos, me dan tripofobia”.

Nora Iturbide,
pésima abuela.

Poca gente entendía el sentir de Nora. Incluso las personas a quienes les abrió su corazón para revelarles su desdicha de inmediato empezaron a borrarla de grupos de Whatsapp, de planes, de viajes que ya había pagado. Nora incluso asegura que el portero de su edificio le escupe discretamente cada vez que la ve.

Es como si de un día para el otro todos supieran que soy una mala persona. Mis peores inseguridades regresaron”.

Nora Iturbide,
desesperada como Marta Sánchez.

Según relata Iturbide, ella no sabe si en verdad la gente la detesta por ser una mala abuela o solo siempre la han detestado, pero no se daba cuenta. A lo cual su mamá le contestó que al menos ella sí pudo ser abuela, no como ella, que ya no tuvo la oportunidad por la egoísta decisión de su única hija (okay, la razón del rompimiento fue que ella no quería hijos y el exnovio sí, ¿ya? ¿Contentas?).

Al día de hoy Nora ha tenido que cambiarse a un nuevo departamento por la cantidad de desprecio que recibía de sus vecinos cuando estos se enteraban de que ella veía con asco a sus nietos ahí todos hechos bola, uno encima del otro. Lo más escalofriante es que a pesar de juzgarla tanto y después de mucho pedirlo, nadie se quiso hacer cargo del cactus y sus hijos. Así que encima de todo Nora tiene que seguir viéndolos crecer diariamente porque prefiere odiar a sus nietos que enfrentar el fracaso de dejar que una planta se le muera.

Y usted, señorona, ¿ama a todos sus nietos? Sea honesta.