Ya no siento los temblores. ¿El secreto? Mantenerme mareada con mi deficiencia de hierro

Una mujer, a contraluz, salta, con los brazos al aire, en señal de triunfo. Se encuentra al aire libre. Esta mujer experimentó vivir sin una deficiencia de hierro. Spoiler: no le gustó.

Patricia Roldán Vázquez tiene lo que para algunos sería un superpoder: ella no siente los temblores. Mejor dicho, siente tanto que ya no distingue qué es qué. Y eso le encanta.  

Para todos aquellos que viven en una zona de fallas geológicas, esta habilidad la convierte en una rareza, una falla en la matrix, tal como si ella misma fuera la falla geológica de Mixcoac-Plateros.

Pato, como le llaman en su trabajo, no siempre ha tenido esa habilidad. Según ella misma relata en exclusiva para Señora Editora, este superpoder es nuevo. 

Fue hasta el año pasado que Roldán Vázquez notó que en repetidas ocasiones al día ella sentía ese singular mareo que provocan los movimientos telúricos. Sin esperar ninguna alerta, y sin importar que fuese más de 15 veces al día, ella se paraba de su silla y corría a un lugar seguro ante la mirada desconcertada de sus compañeros de trabajo, quienes la llamaban “Patiembla”.

La burla que esta situación le generó a Patricia la llevó a indagar el por qué de sus constantes mareos. Esta búsqueda la llevó eventualmente a hacerse pruebas de todo tipo. A diferencia de ocasiones anteriores, sus estudios revelaron una anomalía: bajísimo nivel de hierro. ¡Eureka! 

Patiembla fue al nutriólogo, quien de inmediato tomó cartas en el asunto, le cambió su dieta, le dio suplementos y ¡listo! En dos semanas, Patiembla ya no era Patiembla, ya era Paty. Su vida cambió, pero ¿no es parte de la naturaleza humana desear lo que no se tiene? ¿Añorar lo perdido? ¿Ver el pasto más verde del otro lado?

Así que esto es un temblor…

Tras un par de meses de gozar de excelente salud, lo inevitable pasó: un movimiento telúrico sacudió a la Ciudad de México, pero particularmente hizo estremecer a una Patricia que definitivamente ya se había olvidado del suave muelleo que le daba emoción a su vida y que sobre todo la había acostumbrado a sentir que todo se movía. 

Entre la alerta sísmica y el movimiento verdadero, Patricia se aterró. 

“Esto no es para mí”, se dijo a sí misma Patricia, mientras caminaba, sin gritar, hacia el punto de reunión seguro para sismos. 

Patricia abandonó su régimen alimenticio y los suplementos que la mantenían libre de movimiento y mareos. Actualmente se marea de once a quince veces al día. Ya experimentó 3 temblores que “ni cosquillas le hicieron”, según relata ella misma en exclusiva para Señora Editora. 

Patiembla ahora comparte su experiencia en un blog de nutrición en el que te dice paso a paso cómo mantener un nivel de hierro bajísimo en tu cuerpo, sin morir en el intento.

¡Enhorabuena, Señorona!