Susana, como todas las personas en temporada de lluvias en la Ciudad de México, solo quería ahorrarse unas cuantas monedas en transporte, así que decidió esperar a que la tarifa dinámica de la famosa aplicación Uber bajara un poco. Lo que nunca imaginó fue que su plan la llevaría a cambiar su vida.
Cuando Susana Velázquez accedió a ir a una fiesta en la Colonia Doctores, que queda a aproximadamente una hora de su casa, en la Ciudad de México, no estaba pensando, según nos aclara ella misma, que iba a permanecer tanto tiempo en dicho evento.
Algo tranqui, le dije a mis amigas cuando intentaba convencerlas de acompañarme a la fiesta. Ellas saben que yo soy de carrera larga, pero esta vez sí lo decía en serio porque tenía una asesoría de mi tesis al otro día temprano”.
Lluvias y embotellamientos: receta para el desastre
Eran las 9:30 de la noche, Velázquez salió con el tiempo justo para llegar con sus amistades, pasarla bien, tomarse unas copitas y regresar a casa, triunfante. Al salir de su casa, Susana notó que el cielo se estaba nublando, pero ya no quiso regresarse por una chamarra ni un suéter, haciendo caso omiso de las recomendaciones de su madre, quien le gritaba por la ventana “¡Va a llover, tápate!”.
Mamás 1 – Hijas 0
Ya en el evento, como siempre ocurre con Susana, de acuerdo a fuentes cercanas que prefieren mantener su anonimato, ella se volvió el alma de la fiesta. Inició bolita de baile, coreografías y retos de TikTok entre otras artimañas fiesteras que usa para levantar eventos.
Una a una, sus amigas se fueron despidiendo hasta que Susana se dio cuenta de que ya solo quedaba ella. Fue entonces cuando decidió solicitar un Uber para regresar a casa y he ahí la sorpresita: la tarifa dinámica estaba por los cielos porque había empezado a llover torrencialmente en la capital.
Susana pensó: voy a esperar a que baje, “¿qué es lo peor que puede pasar?”
Ese evento ocurrió en julio del 2022, relata Susana, quien actualmente sigue en la ubicación de la fiesta, esperando que la tarifa baje.
El lugar se vació, la tarifa permanecía ridículamente cara. Pasaron las horas, los días. A la siguiente semana, los organizadores del evento ya decidieron convertirla en parte del staff del lugar.
Velázquez intentó volver a agendar su asesoría de tesis sin mucho éxito hasta el día de hoy, pero lo más preocupante es que sigue usando sus botas “rockeras” con tacón altísimo. Porque de acuerdo a sus propias palabras “podré no comer, pero nunca lucir desaliñada”.
Susana mantiene el optimismo incluso dos años después de que inició su calvario.
En entrevista exclusiva para Señora Editora y en el marco del segundo aniversario de su enclaustramiento, Susana reveló:
Le hubiera hecho caso a mi mamá. De haber sabido que terminaría aquí, me hubiera traído comida, mi material para terminar mi tesis, zapatos cómodos y hasta un suéter”.
Resignación: el secreto
Susana ahora piensa organizar un magno evento para celebrar esta fecha tan significativa, está pensando que sea también un evento para recaudar fondos para mantener su estilo de vida de fiesta indefinida (no para pagar esa ridícula tarifa del Uber).
Y usted, señorona, ¿cuánto tiempo lleva esperando que la tarifa del Uber baje?
