Si eres de esas señoras que nunca se encontraron ejerciendo completamente ni un apego ansioso ni evitativo ni seguro ni desorganizado, es muy probable que te sientas identificada con este tipo de apego: Ubermotivo.
La primera persona que propuso la teoría del apego fue John Bowlby entre 1969 y 1980. Él no lo sabía, pero lo que estaba proponiendo era apenas la punta del iceberg para una generación tan crónica y patológicamente en línea como la nuestra y que sus estudios serían solo las bases de una nueva ola de apegos que apenas estamos por descubrir.
Bienvenido nuevo tipo de apego: UBERMOTIVO
APEGO UBERMOTIVO: El tipo de apego que se genera directa o indirectamente con algún o algunos conductores del servicio de Ubermoto, haciendo para la persona usuaria imposible superar esa primera experiencia de cuidado, atención, pero al mismo tiempo, libertad y tranquilidad.
Consecuencias: La, le o el usuario de dicho servicio podría quedarse demasiado apegado no solo al conductor, sino a la experiencia de sentirse protegida y amada por un ser libre que supera obstáculos para hacerla llegar… a tiempo a su presentación.

NOSOTRAS LLEGAMOS PRIMERO
Nos enorgullece ser el primer medio de comunicación totalmente verídico que reporta el nacimiento de este fenómeno. Nada de esto sería posible sin la ayuda de Deyanira S. la primera señorona orgullosamente mexicana, originaria de la ciudad de Tepic y habitante de la Ciudad de México que nos compartió la experiencia que cambió su vida y probablemente la tuya también.
Deyanira S, como toda señorona trabajadora, iba tarde a la oficina aquel martes de agosto. Había caído una tormenta, lo cual aseguraba el caos vial acostumbrado en la capital. Ella tuvo que hacer algo impensable: pidió un Ubermoto.
Algunos me llamarán impulsiva, desesperada, loca o arriesgada. Pero tenía que llegar temprano. Tenía presentación. Uber Moto era la única esperanza que tenía”.
El conductor de Uber Moto llegó exactamente en el momento indicado por la app. Cuando Deyanira subió a la unidad y recibió el casco de parte de Sergio N. pensó para sí misma “esta ha sido la primera vez que un vato en moto llega a tiempo al lugar en el que quedamos”.
Eso pensó, se le hizo buen detalle, pero no sospechaba que su química cerebral estaba por cambiar.
En cuanto Sergio N. notó que Deyanira no sabía cómo ponerse el casco, de inmediato le ayudó y le explicó con una gran sonrisa por qué era importante que sí se amarrara bien el casco.
¿Qué? ¿Se está preocupando por mí integridad física y no me lo reprocha? Simplemente me lo cuenta amablemente?”.
Mientras Sergio N. se aseguraba de que Deyanira estaba correctamente sujeta de la motocicleta, ella ya estaba en otra dimensión. Ella estaba ajustando sus creencias, cambiando su propósito de vida, ella creía que el viento que le acariciaba su cara era al fin la señal inequívoca de libertad.
Estaba equivocada.

SURGE UN NUEVO APEGO
Cuando Deya, como le apodó amablemente el conductor de la Uber Moto, llegó a su destino, a tiempo, descendió de la unidad torpemente y agregó “ay, es que a esta edad a ya le cuesta más trabajo” a lo que Sergio N. contestó “¿De qué habla, señorita? Está bien jovencita”. Ese fue el principio del fin. Deya cayó en sus redes.
Desde ese día, Deya no ha dejado de usar el servicio Uber Moto, llueva, truene, granice, no importa, ella está buscando replicar la sensación de esa primera vez, ya sea con Sergio N. o con la persona que responda a su llamado.
A veces ni tengo a dónde ir, solo llamo para que me den una vuelta y regresar a mi casa”.
Al día de hoy, Deyanira usa el servicio de Uber Moto de 3 a 4 veces al día y ese número, de acuerdo a declaraciones de la misma Deya, va a aumentar.
Y tú, señora, ¿ya experimentaste este tipo de apego?
