Vecinos están indignados.
No pregunten cómo, pero el equipo de investigaciones especiales de Señora Editora logró la exclusiva más espeluznante de la temporada.
Si pensabas que la ultraderecha ya estaba tranquila ganando terreno gobernando a muchas de las naciones más importantes del planeta. Señora, estás equivocada.
Todo indica que el plano terrenal no le bastó al conservadurismo extremo, ahora también está conquistando territorio paranormal y el equipo de investigaciones especiales (muy especiales) de Señora Editora tiene la exclusiva que solo una ouija, tres velas y las dos mejores médiums de la colonia Escandón podrían ofrecer.
Primeros avistamientos
Hace aproximadamente dos años, varios inquilinos de departamentos de un edificio famosamente embrujado, empezaron a notar actividad inusual. No podían encontrar una explicación lógica a estos sucesos que iban desde timbres sonando, huellas de lodo en el piso, extraños rayones en las paredes. Tampoco parecía haber un orden o un patrón en dichos sucesos.
Todas las manifestaciones ocurrían a horas diferentes, en pisos diferentes, era como si algo maligno solo estuviera jugando con nuestras mentes”.
Vecino del edificio.
Esto provocó un fenómeno aún más paranormal: la unión de todos los vecinos del edificio.
Como lo lee usted, Señorona. Todos los vecinos empezaron a convivir más tratando de encontrar respuestas a estas manifestaciones. Hicieron sesiones espiritistas, compartían en el grupo de whatsapp los destrozos que hacía la entidad, jugaban ouija los jueves. Hacían todo por tratar de comunicarse con quien ya trataban como una hija rebelde (en una de las sesiones de ouija fue la niña quien se identificó con el pronombre ella).
Esta dinámica trajo alegría al edificio y un espíritu de unión familiar, ya que en este grupo de condóminos había de todo menos infancias que iluminaran sus vidas.
El día de Reyes le dejamos juguetitos en los árboles. Ella se enojó porque no le gustó nada y nos quitó la luz por 6 horas. Qué risa, qué tiempos aquellos”.
Nostálgico vecino.
Los estragos de la derecha
Todo parecía armonía y tranquilidad en el edificio hasta que un día, hace apenas un par de semanas pasó algo espeluznante. Las manifestaciones ahora ocurrían siempre a una hora “decente” y tenían una naturaleza muy diferente.
En lugar de abrir todas las puertas de los gabinetes de la cocina, la niña ahora ponía la mesa con todos los cubiertos de la vajilla, como si fuera a recibir muchas visitas. En lugar de rayones con amenazas y vulgaridades en la pared, montó un caballete y empezó a esbozar bodegones en colores sobrios.
“Se sentía que su esencia había cambiado”, comentó la portera del edificio quien ahora se aburría mucho, ya que no tenía que revisar las cámaras de seguridad y buscar algo terrorífico. La niña solo tomaba el té a horas muy apropiadas, dormía temprano, estudiaba piano, francés, buenos modales y leía la Hola! y Quién.
Las sesiones de Ouija de los jueves se volvieron aburridas reuniones en las que la niña ya no maldecía en arameo antiguo, simplemente observaba y les preparaba ricas botanas (acción que si bien no generó queja alguna, también desencantó a los vecinos Millennials que veían a los jueves como su “best kept secret”).
Se fue sin exorcismo ni adiós
Un buen día, la niña se fue. Lo último que dejó, según testimonio de la portera del edificio fue una revista recortada de la revista Quién, entre sus páginas, faltaban algunas caras y algunas personas. En uno de los espejos del lobby del edificio, escrito con labial Dior Rojo se leía “me voy de este barrio jodido”, en lo que antes hubiera sido un elegante “todos van a morir” escrito en sangre.
Sin duda un día de luto para el edificio.
Hasta el cierre de esta edición no se sabía el paradero exacto de la niña, pero se le había visto en casonas de Polanco, del guante de jóvenes herederos del siglo XIX.
