“Ni siquiera soy una caricatura”, aclara señora de carne y hueso.
Conoce la historia de la mujer que perdió los derechos de su propia existencia ante el corporativo mejor conocido como fábrica de sueños.
Vivimos en un mundo en el que las pantallas están tapizadas de remakes, secuelas, precuelas, spin-offs, etc. Es más fácil salir del buró de crédito que encontrar una película que no sea de una franquicia en cartelera comercial. Sí, eso lo sabemos. Fátima Rodríguez también lo sabía, pero pensó que eso no era importante para ella, hasta hoy.
Bueno, hasta el pasado miércoles, día en el que leyó en varias publicaciones especializadas en espectáculos que Disney estaba preparando su versión Live Action.
*Se le llama versión Live Action a la versión carne y hueso o a la versión humana de alguna animación. Por ejemplo: La versión más reciente de la Sirenita y la versión más reciente de Aladdin.
Fátima pensó que todo era un malentendido o una coincidencia y que existía un personaje en alguno de los miles universos pertenecientes a Disney que llevaba su mismo nombre. Pero todo se puso escalofriante cuando empezó a leer la sinopsis de la película próxima a grabarse:
Fátima cuenta la historia de Fátima Rodríguez, una señora mexicana de mediana edad, con un trabajo estable, con prestaciones de ley, algunas plantas y un par de mascotas que podrían pertenecer a la especie felina o canina. Ella, harta de la monotonía y después de un doloroso rompimiento amoroso, decide refugiarse en el lugar más inesperado: la casa de sus padres”.
Extracto de la revista Variety.
Según relata Fátima, mientras iba leyendo la nota, su piel se iba poniendo chinita porque parecía que estuvieran hablando de ella, su paso por la ruptura con su ex y su decisión de regresar a vivir con sus papás por hacerle el paro a sus finanzas, en palabras de Rodríguez.
Yo estaba confundida porque ni siquiera soy una caricatura y ahora ¿harán una versión live action de mí?”
Fátima Rodríguez,
señora de carne y hueso.
Toda la situación ameritaba llevar este caso a las últimas consecuencias, así que Fátima le escribió a Disney para reclamarles por estar haciendo uso de su imagen y su historia sin su permiso. La respuesta de los abogados de dicho conglomerado la dejó helada.
Al parecer Fátima había usado tantos códigos promocionales para tener acceso al contenido de Disney+ que oficialmente le quedaba a deber a la casa del ratón animado más famoso del mundo. Los abogados simplemente tomaron los derechos de su vida como pago y usaron una de las miles versiones “caricaturizadas” de Fátima que ella misma generó a través de sitios de inteligencia artificial y listo. Una película.

Para tranquilidad (y vergüenza) de Rodríguez, la misiva de los abogados de Disney remataba con un contundente: “Pero pierda pendiente, señora Rodríguez, ya se hicieron focus groups y nadie quiere ver su vida en live action. Es probable que la cinta nunca llegue a la cartelera. Quedamos de usted”.
