Si creían que estar todo el día rodeadas de videos, tiktoks, memes y de más contenido de formato corto no afectaba nuestra psique, piénsenlo nuevamente, porque ustedes no están preparadas para lo que se nos viene.
Al menos Martha Suástegui no estaba lista.
Era un día normal para Martha, jefa de logística de una empresa. Miércoles, para ser exactas, cuando recibió una notificación de su mejor amiga Pamela. Al abrir el mensaje en Whatsapp, no le sorprendió que fuera un meme. Lo que la confundió un poco fue que junto con el meme venía escrito: “Soy”.
¿Por qué para Martha esto fue confuso? Porque el meme hacía referencia a un gatito usando maquillaje y tenía el texto sobrepuesto: “yo cuando me dejan sola un segundo”. Martha se dijo a sí misma: eso es lo menos Pamela que hay. Sin embargo, cuando Martha se disponía a responder en whatsapp para avisarle a su amiga que estaba en un error, le llegó un bomberazo de su trabajo que tuvo que atender. Martha se limitó a responder con una reacción. Esta fue la reacción que, sin saberlo, iniciaría un tsunami de realidades distorsionadas: 😆
“De haber sabido que esa reacción iba a generar un infierno, me hubiera tomado el tiempo de detenerlo”.
Como en toda amistad adulta que se lleva a cabo en un “país en desarrollo”, las precariedades de las vidas de Martha y de Pamela les hicieron prácticamente imposible verse durante casi mes y medio. Tiempo suficiente para que el desastre se marinara bien y bonito.
Cada reel una nueva identidad
Durante esas 6 semanas en las que Martha no vio a Pamela, se acumularon en sus mensajes directos una cantidad alarmante de memes y reels que Pamela no tenía tiempo de revisar, pero que cuando finalmente lo hizo, la preocuparon de sobremanera. Pamela ahora no solo escribía la palabra “soy”, también escribía las palabra “eres” y “somos”, como si los memes de alguna manera se asemejaran a sus personalidades. Cosa que, para empezar era falsísimo.
En la mente de Pamela, ellas dos eran personas completamente distintas a como eran en la vida real. Ninguno de esos memes las representaba.
Martha pensó: tengo que poner un alto.
Fue por eso que decidió, como buena amiga, tomarse un día personal para ver a quien ella seguía creyendo que era su amiga. La verdad no podía estar más alejada.

Aquí se rompe una amistad y cada quién para su entidad
Martha y Pamela quedaron para verse en un café y “ponerse al tanto”. Pamela ya usaba otro estilo de ropa, se maquillaba mucho, hablaba diferente y había adoptado inclusive ciertas palabras de jóvenes ajenos a su rango de edad.
Cuando empezaron a platicar, Martha se dio cuenta que ya era tarde para esta intervención. El algoritmo se comió a su amiga y nada se podía hacer.
Hoy Martha y Pamela ya no son amigas, pero eso no tiene por qué pasarte a ti, señora. Aquí van algunas recomendaciones por si empiezas a notar algún tipo de comportamiento errático en los memes que te mandan tus amigas:
- Conserva la tranquilidad. Nada le va a ayudar más a tu amiga que sentir que está en un entorno seguro. También recuerda que tu paz siempre ayuda en todo sentido.
- No discutas. No le acuses de que lo que dice es falso. Asegúrate de que tu amiga no se sienta juzgada. Dile que la entiendes, y que estás ahí para ayudar.
- Dale espacio (pero no demasiado). No intentes quitarle su acceso a memes súbitamente y no te le desaparezcas por completo, porque eso podría detonar su necesidad de reiterar sus supuestas nuevas personalidades.
- Cuando creas que sea seguro, retira acceso a memes. Intenta organizar un viaje a la naturaleza donde no haya internet para que reconecten con su realidad.
- No la dejes sola. No querrás sentirte culpable por dejar que el algoritmo se la coma por tu falta de interés.
Y a ti, señora, ¿cuántas amigas te ha robado el algoritmo? Cuéntanos tus experiencias.
